De todo ello, en la actualidad sólo se conserva la leyenda así como los elementos que podrás contemplar en esta visita.
El monasterio es un edificio austero situado en el centro de la población, en una pequeña plaza recogida. La puerta principal de la iglesia está protegida por cuatro arcadas y una modesta galería abierta. Esta es la entrada que los feligreses utilizan para acceder al templo, convertido en parroquia a mediados del siglo XIX. El monasterio fue fundado por el conde Wifredo el Velloso, que puso al frente de la comunidad a su hija Emma, abadesa entre los años 898 y 942. La comunidad femenina fue expulsada en el siglo XI, presuntamente por desórdenes en la vida monástica (con el tiempo, este hecho haría nacer la leyenda del conde Arnau).
Si quieres obtener más información antes de hacer la visita, dirígete a la entrada del Museo, donde te darán un plano del recinto. Desde allí, pasa al claustro del monasterio (s. XV), un espacio de estilo gótico catalán trazado con líneas simples y elegantes que durante el verano se adecua para acoger espectáculos diversos en torno a la figura del conde Arnau.
A través del claustro se accede a la iglesia. El templo conserva diversos elementos interesantes, como el retablo de San Agustín, el de Santa María la Blanca, el sepulcro del Beato Miró o la capilla de los Dolores, una construcción barroca que rompe con las líneas sencillas del resto del edificio. Pero el conjunto más curioso es probablemente el Santísimo Misterio (s. XIII), un grupo escultórico a medio camino entre el Románico y el Gótico que representa el descendimiento de la cruz. El misterio recae en que en la frente del Cristo se conservó incorrupta durante siglos una hostia consagrada.

Parte de la colección del museo.
No dejes de visitar el Museo, situado en el mismo edificio por el que has entrado. La colección de esculturas, pinturas, tejidos y orfebrería que en el mismo se expone explica también la historia del monasterio y de la localidad.