Originariamente, el
Tió era un tronco de la chimenea que ofrecía calor a la familia. Actualmente, pero, el tronco ha evolucionado y trae los primeros regalos de
Navidad a las casas. Caracterizado con boca, ojos y nariz, barretina y pies pequeños, el
Tió aparece unas semanas antes de las fiestas, ante la sorpresa de los más pequeños. Estos lo instalan en un lugar privilegiado de la casa y lo alimentan para que “cague” bastantes regalos. Al
Tió le gusta la fruta, las galletas y la grana seca, y los padres se encargan que no deje ni una miga.
La
Noche de Navidad –o el día de
Navidad-, se abriga el
Tió con una manta para que no pase frío y se pone en el comedor, dónde se reúne la familia.
Antes de “hacerlo cagar”, los niños y niñas salen de la habitación para ir a rezar un padrenuestro. Cuando regresan, empuñando un bastón pican con fuerza sobre el tronco mientras cantan una canción que varia en función de la zona:
“Caga Tió, caga torró, si no vols cagar, et donaré un cop de bastó...”. 
Niños haciendo cagar el “Tió”.
Tradicionalmente, el
Tió “caga” juguetes, golosinas o comida y bebida para los manjares de estos días. Después, los pequeños vuelven a rezar, momento en qué los padres aprovechan para garantizar que, después de picar, habrá más regalos debajo de la manta. Cuando el
Tió ha agotado los regalos “caga” carbón, una sardina, un ajo, una cebolla o un huevo, según la tradición de cada casa.
En las escuelas y jardines de infancia también es costumbre “hacer cagar” el
Tió, y en algunos municipios, el
Cagatió toma un aspecto más popular y se celebra en un espacio público. Consulta nuestra agenda de
Navidad y seguro que encontrarás un lugar donde vivir esta tradición de muy cerca.