Girona tiene sus orígenes en el Paleolítico inferior; los íberos, los romanos y los árabes, sin dejar de lado la importante comunidad judía que vivió en la ciudad entre los siglos IX y XV, son algunos de los pueblos y culturas que sucesivamente fueron ocupando Girona. No es de extrañar, pues, que vestigios de todas estas civilizaciones llenen cada rincón de las calles del
Casco antiguo de la ciudad. Más de mil años de historia conviven en la Girona antigua, que se articula alrededor de la
Catedral, de una sola nave, construida entre los siglos XIV y XVII. Al pie de este templo se extiende el call, o barrio judío, un laberinto de calles en el que destaca el
Centro Bonastruc ça Porta.

Detalle del casco antiguo.
El monasterio románico de
Sant Pere de Galligants, la ex colegiata gótica de
Sant Feliu, donde se conservan las reliquias de San Narciso, patrón de la ciudad, el
paseo arqueológico, la
muralla, los
baños árabes y las
casas del Onyar son puntos de visita obligada para los amantes del silencio nacido de la majestuosidad de la historia.